Ascendencia paterna de Antonio Maceo (parte III) Imprimir
Sábado, 04 de Noviembre de 2006 09:47

MARCOS MACEO, EL MILITAR

Estas barreras son las que Marcos trata de contrarrestar cuando firma, con una cruz, la entrada en la compañía de granaderos del Batallón de Infantería Provisional, el 22 de diciembre de 1826 en clase de reemplazo por tiempo de ocho años. Su hoja de servicios nos ratifica lo que ya sabemos, que es hijo de Clara Maceo, que es natural de (Santiago de) Cuba y labrador en Arroyo Chote (partido de Morón). Pero también aporta nuevas informaciones: soltero, que había ingresado con la edad de 20 años. Tenía el pelo, las cejas y los ojos negros, lampiño y la tez de color parda, nariz grande, boca regular, medía cinco pies seis pulgadas, con una cicatriz pequeña en la frente en la raíz del pelo. Juró fidelidad a banderas en la revista del 5 de enero de 1831. Impulsos juveniles (tenía 24 años) lo condujeron a violar la disciplina, la noche del 22 de diciembre de 1832 al quedarse a dormir, sin autorización de su capitán, fuera del cuartel. Se le aplicó la ordenanza para estos casos, que consistía en un mes de prisión. En septiembre de 1836 ya llevaba nueve años y nueve meses en la primera compañía, que hacía muy poco dirigía el capitán y primer ayudante interino Pedro González, su jefe superior era el coronel y primer comandante de tropas ligeras Pedro Rojas y Pérez.27 Las respuestas a José Muchuli de sus cartas de 1833 y 1835, fueron las mismas: que el licenciamiento seguía su turno religiosamente y que a Marcos Maceo no le correspondía sino hasta el 1º de enero de 1837, se le recomendaba al padre que esperara con paciencia la de su hijo, tal y como se establecía para otros más necesitados que él.28

MARCOS MACEO Y SU EXPERIENCIA POLÍTICA DE 1836
De manera que, a partir de estos documentos nos ha sido posible desentrañar las tres interrogantes que nos hacíamos respecto a Marcos Maceo. La primera, que su padre era José Muchuli, la segunda que, efectivamente, desde 1826 y hasta 1836 ya hacía casi diez años que estaba sobre las armas y, por tanto, como granadero sabía del rigor disciplinario de los cuerpos militares, y del uso de las armas. La segunda, y en nuestro concepto la más importante de todas, el padre de Antonio Maceo participó de la proclamación de la Constitución española en el Departamento Oriental en su tercera oportunidad. Más aún, formaba parte del Batallón Provisional cuyo capitán Pedro González, era hermano político de Francisco Muñoz del Monte,29 ideólogo criollo del gobernador Lorenzo. El Batallón estaba dirigido por el coronel Pedro de Rojas Pérez, originario de Costa Firme, que apoyó fielmente, desde los primeros instantes, y en todo momento, al gobernador Lorenzo30 y quien había aprendido con los revolucionarios de su país el liberalismo radical. Rojas asumió el mando militar de Bayamo y, mientras lo conservó, exigió disciplina y rigor en su tropa en contra de las facultades omnímodas de Miguel Tacón y Rosique. Sus enemigos decían que participaba en las juntas o sociedades secretas junto con los otros jefes de Bayamo y que le hablaba a los soldados de pardos diciéndoles que siempre había hecho la guerra con los de su clase y que ahora contaba con ellos para la que se preparaba.31 Sería destituido por la reacción de los comerciantes y la quinta columna el 19 de diciembre del propio año.

Las tropas de infantería habían participado del juramento a la Carta Magna el 29 de septiembre de 1836 en la Plaza Mayor de Santiago de Cuba y tres meses después, estos mismos soldados, presenciaban cómo sus sargentos le exigían al gobernador departamental preservar el estado de rebeldía y segregacionismo contra el déspota capitán general. ¿Marcharía Marcos junto a Rojas para reforzar la guarnición de Bayamo? Poco importa saberlo, lo cierto es que estuvo, todo el tiempo, en el vórtice de la efervescencia revolucionaria, junto a los oficiales y soldados veteranos procedentes del continente americano, la mayoría de los cuales eran de un origen campesino, como él.

Tal vez el licenciamiento ansiado por su padre, se produjo, finalmente, en los primeros meses de 1837,32 cuando Lorenzo ya había embarcado hacia la península, tras de renunciar al mando y dar fin al levantamiento a fines de diciembre, luego de restablecido el orden del déspota Tacón en enero de ese año, después que la Expedición Pacificadora con su comandante Joaquín Gascué al frente hizo su entrada triunfal en la capital del Departamento Oriental. Se temía a todo el libre de color que portara armas en sus manos.

La experiencia política de los meses comprendidos entre septiembre y diciembre de 1836 en la región oriental de la isla de Cuba fue decisiva para el pardo libre Marcos Maceo. Maduró su conciencia patriótica y social, comprendería —como otros muchos de su estirpe— el camino verdadero para el logro de las reivindicaciones de todo tipo: la independencia. Porque el reformismo liberal burgués de la oligarquía criolla era ya una vía obsoleta para el destino del pueblo de Cuba, después que la burguesía liberal española había acuñado la condición de colonias para sus provincias ultramarinas. Así educó a sus hijos en la disciplina heredada del Ejército Español y en la ideología revolucionaria adquirida de su experiencia práctica. Marcos Maceo poseía el caudal de vivencias de la asonada antitaconiana de 1836 en que participó, no cabe la menor duda de que debió transmitir este saber a sus hijos, quienes bebieron de la fuente paterna, la cultura política del criollo deseoso de aprehender su patria y transformarla.

Las formas en que los Muchuli-Maceo asumieron su identidad nacional y conformaron sus criterios de progreso no son excepcionales, sino de las más comunes entre mulatos y negros libres —en particular los de la región oriental— si bien han sido poco exploradas por nuestra historiografía: de la frustración como estamento, a la aprehensión ideológica de su condición social, hasta concebir cómo conquistar el derecho a integrar la lógica unidad de la nación cubana.

Última actualización el Lunes, 22 de Octubre de 2007 15:02