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La Idea del Lunes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Reynaldo García Blanco   
Domingo, 04 de Marzo de 2007 11:03
 Hoy quiero comentar acerca de un acto íntimo. Se puede hacer de pie, de rodillas, acostado en la cama o en el diván. Cuando se descubre se convierte en vicio, en pecado perdonable, en lujuria que se lleva a lo largo de la vida como un estigma. Cuando se aprende bien y se comparte, tiene la rara combinación de lo infame y maravilloso. Cuando entramos a este misterio estamos a un paso de convertirnos en unos malvados encantadores.
Los primeros designios del vicioso y el depravado que llevamos dentro pasan por este acto y no hay autocensura.
Hoy quiero comentar acerca de un acto íntimo. Se puede hacer de pie, de rodillas, acostado en la cama o en el diván. Cuando se descubre se convierte en vicio, en pecado perdonable, en lujuria que se lleva a lo largo de la vida como un estigma. Cuando se aprende bien y se comparte, tiene la rara combinación de lo infame y maravilloso. Cuando entramos a este misterio estamos a un paso de convertirnos en unos malvados encantadores.
Los primeros designios del vicioso y el depravado que llevamos dentro pasan por este acto y no hay autocensura.
El adolescente descubre la magia de ser diferente, deja a un lado los juguetes de la reciente infancia y los amigos pasan a un segundo plano. Aquí comienzan a sospechar los padres.
Los que entran por estos caminos se vuelven corruptos, forman cultos y cofradías con su propio ángel o demonio. Hablo de un acto monstruoso y degenerado, que sólo comulga con la entera libertad, que viola fronteras, derrumba las murallas de los castillos, las rejas de los cuarteles.
Entrar por estos caminos es descubrir el valor del silencio, regodearse en la sonrisa cómplice de Maquiavelo o ser el eterno niño, subversivo y sacrílego.
Son unos libertinos, dicen los más conservadores. Son unos siniestros, dicen los críticos más feroces; pero lo cierto es que estoy hablando de un acto salvador, que tiene mucho de disoluto y amoral. Tal vez haya que buscar el misterio en Aristóteles cuando dijo que la bondad es simple, la maldad múltiple.
Es un acto raro y portentoso que abre puertas secretas. La gente se vuelve admirable y famosa, domina varios prodigios. Para entonces todo puede percibirse de manera sobrenatural y fantástica.
Es quimérico, sobrehumano y por su carácter inusitado es dable al asombro, a la locura. Es el autoplacer, el orgasmo, el éxtasis. Es elevación, rapto y delirio.
El Apóstol Pablo hablaba de que la Ley escrita da muerte, mientras que el Espíritu da vida, aquí se pierden las fronteras y a cada instante otro mundo está por comenzar.
Se puede hacer a cualquier hora y en cualquier sitio. Se puede hacer antes o después del fragor de la batalla. Se puede hacer en la cárcel o el desierto minutos antes de morir de sed o de espanto. Se puede hacer a contra luz o con todo el sol de frente.
Se puede hacer de pie mientras el Pontífice hace su discurso. Se puede hacer de rodillas mientras a nuestro lado alguien se confiesa. Se puede hacer acostado en la cama o en el diván mientras los mayores de casa están de vacaciones o en el mercado.
Demos loas a este acto maldito, hereje, iconoclasta, terrible. Demos loas a este acto sugerente, liberador, tan lleno de matices y sobresaltos.
Yo los convido a ustedes, amantes de los libros. Demos loas a este inmenso placer que es la lectura.
 
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