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Béisbol y literatura: un año nuevo PDF Imprimir E-mail
Martes, 08 de Enero de 2008 09:26

Teresa Melo, narradora y Antonio Pacheco, deportistaAhora que comienza el año y andamos tratando de hacerlo crecer a la medida de nuestros sueños y realidades, pensaba en dos de los mayores eventos de nuestro país en cuanto a la cantidad de público que atraen, que siempre coinciden en tiempo y espacios: la Serie de Pelota y la Feria del Libro. Si la primera siempre ha movido grandes pasiones en el alma cubana, año tras año vemos incrementarse la segunda, tal como me dijo aquel taxista en la Feria de la Habana: “ya nadie se atreve a andar sin un libro”. Algo quiere decir frase tan abarcadora. En el imaginario popular a casi cualquiera debe y tiene que gustarle el béisbol, y tal vez a los únicos que suelen dejarnos fuera de él es a los poetas, a los intelectuales.

Teresa Melo, narradora y Antonio Pacheco, deportistaAhora que comienza el año y andamos tratando de hacerlo crecer a la medida de nuestros sueños y realidades, pensaba en dos de los mayores eventos de nuestro país en cuanto a la cantidad de público que atraen, que siempre coinciden en tiempo y espacios: la Serie de Pelota y la Feria del Libro. Si la primera siempre ha movido grandes pasiones en el alma cubana, año tras año vemos incrementarse la segunda, tal como me dijo aquel taxista en la Feria de la Habana: “ya nadie se atreve a andar sin un libro”. Algo quiere decir frase tan abarcadora.

En el imaginario popular a casi cualquiera debe y tiene que gustarle el béisbol, y tal vez a los únicos que suelen dejarnos fuera de él es a los poetas, a los intelectuales. Supongo que nos imaginan etéreos, hablando de cosas que sólo otros escritores comprenden, encerrados en una torre a la que no llegue el bullicio de los carnavales y el sonido de la corneta china.

Es posible que muchos sean así, pero me alegran las muchas horas que invirtió mi padre en hacerme comprender el encanto del juego, como para saber en su eternidad que alguna vez me despertaría yo en la madrugada para ver en la tv a los equipos de Cuba y Estados Unidos, o degustaría completo el Clásico, o incluso algunos choques sin más brillo que un equipo que quedaba en el camino, por donde sí seguía avanzando el mío santiaguero.

El gusto por la pelota me ha traído incomprensiones, pero también una gran cantidad de gente que me han dicho cuánto de disfrutable tiene para ellos un buen partido, a la par que un buen libro. Debo confesar yo que en los encuentros en Venezuela con decenas de cooperantes cubanos, las puertas de su corazón y atención no me las ofreció en primer lugar la literatura, sino la inevitable pregunta de quiénes eran santiagueros, pues celebrábamos allí mismo el título de Campeón.

Todo esto lo pensaba mientras empezaba a oír la promoción de esta Feria del Libro 2008, en la cual el santiaguero Antón Arrufat y la maestra Graziella Pogolotti recibirán honores, junto a celebraciones por una cultura que se fundió definitivamente con lo que no éramos aún, para ser luego eso casi inatrapable que es la cubanía: la cultura gallega. Innumerables descendientes de esos aires de gaita son ya la Cuba: los imagino también en el rumor de los estadios. Mi abuelo, que era gallego, tuvo otras pasiones: los libros, la música de sus lares, la siembra madrugadora y el cuidado de las abejas.

En la Feria del pasado año pareció desandar las calles de piedra de La Cabaña, cuando la voz de Miguel Anxo Fernán Vello, excelente poeta, me leyó en esa lengua acariciante unos textos míos que había traducido. Durante esa misma Feria, en el hotel de los escritores, vencí mi timidez casi enfermiza ante todo lo que es “famoso”, y conversé, junto a otros escritores, con Kindelán y algunos más del equipo Santiago; allí también me atreví a pedir una foto a mi Captain, my Captain.

En La Habana, Pinar del Río, Camagüey o Santiago compartimos hoteles y luces de estadio avizoradas desde nuestras sedes. Oímos a la multitud corear una buena o mala jugada, y los choferes de taxis, guaguas y bicitaxis, que esperaban el fin de nuestras actividades, amplificaban en las radios el juego de turno.

Noches en que compartimos con jugadores de Santiago de Cuba, de Villa Clara, de Ciego de Ávila, y hablamos con pasión de pelota y preguntamos sobre los libros que les gustaban y nos pedían presentaciones en los propios hoteles porque no podían ir hasta el sitio de Feria. Algunos habían encargado a sus novias determinado título y las llamaban a sus provincias para saber si ya lo habían comprado.

Todo eso me gustó. No sólo porque tal vez también los intelectuales tengamos en nuestro imaginario la idea de que un deportista no lee y sólo le interesa el entrenamiento mañanero y el próximo juego. Observaba a estos jóvenes, algunos de cuyos nombres tendrán que pasar aún dos o tres series para demostrar su grandeza y ser identificados en cualquier sitio y me gustaba saber, como escritora, que un poco de nuestras palabras está en toda la gente. Más recientemente, durante memorables jornadas junto a los muchachos de la FEU en las actividades del Festival Universitario del Libro y la Lectura, otras glorias del deporte nos acompañaron en conversaciones y mesas.

Jovencísimo Reutilio Hurtado en la mañana santiaguera en que se abrazaban múltiples nacionalidades que estudian en la Facultad Fajardo de deportes, escuchaba con atención a deportistas mayores, mientras un hermoso reflejo de luz se desprendía de las cubiertas de los libros cercanos. Avanzarán los días y los dos eventos se abrazarán por un mes: buenos augurios para todos, que a fin de cuentas, todos entregamos lo que mejor sabemos hacer… al servicio de otros.

Última actualización el Martes, 08 de Enero de 2008 10:01
 
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