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Santiago de Cuba y la música popular PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rodulfo Vaillant García   
Lunes, 05 de Noviembre de 2007 14:50

 El proceso de transculturación tiene matices diferentes en esta zona oriental de la isla, con la presencia de diferentes culturas: aborígen, europea, africana y asiática; y, por supuesto, la música y la danza son elementos importantes. A principios del siglo XVI, la villa de Santiago de Cuba se convirtió en un punto de entrada de nuestros colonizadores, y además en un trampolín para la conquista de otras tierras.Venían músicos que seguían rumbo a otros parajes, pero dejaban huellas a su paso. A mediados de siglo, esta villa ya contaba con su catedral y con un órgano ejecutado por el primer musico notable que se conoció en la isla, nacido en Santiago: Miguel Velázquez, quien había estudiado música en España. En 1544 asume la responsabilidad de canónigo de la catedral; al mismo tiempo, trasmite sus conocimientos a la población.

 

 El proceso de transculturación tiene matices diferentes en esta zona oriental de la isla, con la presencia de diferentes culturas: aborígen, europea, africana y asiática; y, por supuesto, la música y la danza son elementos importantes.

A principios del siglo XVI, la villa de Santiago de Cuba se convirtió en un punto de entrada de nuestros colonizadores, y además en un trampolín para la conquista de otras tierras.Venían músicos que seguían rumbo a otros parajes, pero dejaban huellas a su paso. A mediados de siglo, esta villa ya contaba con su catedral y con un órgano ejecutado por el primer musico notable que se conoció en la isla, nacido en Santiago: Miguel Velázquez, quien había estudiado música en España. En 1544 asume la responsabilidad de canónigo de la catedral; al mismo tiempo, trasmite sus conocimientos a la población.

La práctica musical de la iglesia, la labor de Miguel Velázquez y la irrupción de los negros esclavos, sirvieron para sembrar las semillas que luego germinarían para que Santiago de Cuba desarrollara esta fuerte manifestación artística.

Según la historia, ya a finales del siglo XVI existía en esta comunidad el primer conjunto de instrumentos que tenía pífanos, viola y violín y que amenizaban las actividades dentro de la iglesia, así como las fiestas populares.

A esto añadimos que en febrero de 1764 se traslada de La Habana a Santiago de Cuba Esteban Salas, para ejercer como maestro de capilla de la catedral. Este acontecimiento dinamizó el arraigo cultural dentro de la población y fortaleció los vínculos de la iglesia con la misma a través de la proyección hacia el exterior de obras musicales con valores litúrgicos.

Esteban Salas nos legó una interesante colección de misas, himnos, salmos y obras como villancicos, que aún son cantadas por los coros del país. Contribuyó enormemente a la creación de las bases para que la sociedad santiaguera de entonces asimilara estéticamente esta manifestación artística y adquiriera además una fisonomía propia, la cual se afianzaría al producirse la Revolución hatiana.

La villa de Santiago de Cuba, que para la fecha tenía ya un crecimiento notable, recibe una reanimación y adquiere a su vez un alto nivel social. Señalamos que la música y el baile ocupan espacios preponderantes en este nuevo fenómeno; surgen orquestas que ejecutaban la contradanza, traída por los franceses, y obras de compositores locales que comenzaban a aparecer en el panorama melódico santiaguero. Significamos que el proceso migratorio producido por la Revolución haitiana trajo consigo los elementos que más tarde contribuirían a marcar el perfil definitivo de la música santiaguera y por ende de la cubana.

La contradanza se posesiona y evidencia un carácter de asimilación criollo-hispano y afrofrancés, donde aparece un elemento ritmático, o mejor dicho, una célula rítmica que suele lIamarse cinquillo, de enorme importancia para el surgimiento de otros ritmos, tales como el bolero y el son.

A finales del siglo XIX ritmos y bailes populares marchaban unidos, y reflejaban la influencia rítmica del negro y la eIegancia de los aires andaluces y franceses. Las orquestas de Rafael Robinson, José de la Caridad Mancebo y otros, no sólo interpretaban contradanzas, sino composiciones de origen festivo. Poco a poco la música popular santiaguera se consolida.

Las guerras independentistas no impideron el desarrollo y la evolución de los elementos culturales que fueron dando a Santiago de Cuba una identidad peculiar. Se siguió bailando en los cabildos instalados en zonas suburbanas como en los Hoyos, el Guayabito y en el Tivolí. Además existían casas de familias donde lo festivo alegraba la vida a través de los compases del rigodón, la cuadrilla y las danzas franco-haitianas.

En las primeras décadas del siglo xx la sociedad santiaguera ya tenía definido algunos de sus valores identitarios, como: la alegría, hospitalidad, la cortesía, lo musical y lo bailable. Los diferentes sectores que la componían tenían medios y formas para expresar estas cualidades; pero la música brillaba, era la reina, lo envolvía todo; dicen que el santiaguero habla cantando y camina con movimientos rítmicos, como si hubiese una danza permanente en su interior.

Las tres primeras décadas del siglo xx reflejan un auge tremendo del baile en los diferentes sectores de la población. Además de los antiguos cabildos, empiezan a surgir sociedades que los fines de semana desarrollaban sus fiestas con el uso de las orquestas del patio.

Sociedades famosas de la época que representaban diferentes segmentos étnicos fueron: el Club Aponte, para los negros; la Luz de Oriente, para los llamados mulatos; el Club San Carlos, Club los Rotarios, Club los Leones, para los blancos, sin dejar de mencionar la existencia del Vista Alegre Tennis Club.

La gente más humilde de la población encontraba diversión en los salones de los diferentes sindicatos: panaderos, carniceros, bacardiceros y otros.

No podemos dejar de mencionar la creación en los años 30 del salón de baile en los jardines de la cervecería Hatuey, uno de los más populares de Cuba, por donde desfilaron las más reconocidas orquestas de aquella época; inexplicablemente desapareció en el ultimo lustro de los años 50. Tampoco las casas de familias que en diferentes partes de la ciudad celebraban matinés y bailes nocturnos los fines de semana: la de Chacha Atié en el barrio de Los Hoyos, la de los Cumba y los Callís en el
Tivolí, entre otras.

Ya en la década del 40 Santiago de Cuba es una gran ciudad. El auge del baile por supuesto originaba el uso de agrupaciones: surgen la Estudiantina Invasora, la Estudiantina Hermanos Valera, Septeto Tropical, los trovadores de Tono, los Hermanos Giro, Conjunto Wilson; fueron orquestas que dominaron el panorama de la música popular.

En esta etapa se destacan Mariano Merceron y Electo RoselI, que fundaron su orquestas entre 1932 y 1934.

Mercerón y sus muchachos Pimienta y Chepín Choven han trascendido dentro de la cultura cubana con sus aportes.

En 1945 Mercerón parte para México, donde alcanza un alto prestigio; introduce en las orquestas jazz-band mexicanas su estilo y sus concepciones armónicas. Regresa en 1950 y tiene el privilegio de que al organizar su nueva orquesta cuenta con la presencia del cantante Benny Moré, quien realiza sus primeras grabaciones en Cuba en los estudios de la CMKW, ubicados en la esquina de Santo Tomás y San Basilio.

En esa época Chepín-Choven y Mercerón encabezaban la lista de un significativo numero de agrupaciones, entre las que podemos mencionar a Guancho Duran y sus jóvenes del jazz, Pancho Portuondo y sus muchachos Pimienta, Conjunto de Rene del Mar, Conjunto Maravilla de Beltran, Orquesta Tipica Colorama, Orquesta de Ventura Calzado, entre otras.

En 1954 se produce el debut en un programa de la CMKR, circuito oriental de Radio, de Pacho Alonso y su Conjunto Los Modernistas.

En mayo de 1955, en la Escuela Normal para Maestros de Oriente y organizado por la destacada promotora cultural Amelita Cué, se produce la primera presentación de la Orquesta Los Taínos, la cual se convirtió en una de las más populares del país en la década del 70.

La aparición de la radio en Cuba revolucionó la vida del cubano. Nuestra ciudad no estuvo ajena a elIo y rápidamente contó con emisoras que tenían como base principal de su programacion la difusión de la música tanto extranjera como nacional. Esto contribuyó enormemente al auge del baile y por ende al de las agrupaciones existentes a lo largo del país.

En los años 40 y 50 nuestra ciudad contó con la emisora nacional CMKW, cadena oriental de radio, que popularizó a varias agrupaciones del patio y a diferentes artistas  escénicos y locutores. Chepín-Choven, Mercerón, René del Mar, Pepe Reyes, Luis CarbonelI, Rosita Sánchez, Miguel de Gonzalo; locutores como Antonio Pera, Walterio  Núñez y otros alcanzan proyección nacional.

Por lo tanto, la efervescencia radial, unida al desarrollo social de la época, permitió que hasta finales de la década del 50 y los primeros años de la del 60, la ciudad cuna del rigodón, de las cuadrillas, la tahona, el bolero y el son -matemáticamente hablando- fuera una gran evolvente musical que cubría todos sus rincones.

Última actualización el Lunes, 05 de Noviembre de 2007 15:16
 
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