El
Sábado 14 de junio de 1845, en el número
90 de la calle Providencia Baja, en Santiago de Cuba,
nació uno de los hombres que por sus cualidades
humanas, inteligencia, patriotismo, y preclaro pensamiento,
más ha influido en el desarrollo de la nacionalidad
cubana: Antonio de la Caridad Maceo Grajales.
Su obra, legado histórico de profundo contenido,
es preciso decirlo, no fue resultado único de sus
excepcionales cualidades, sino también del conjunto
de circunstancias que le rodearon en su niñez y
juventud, las que fueron modelándole una percepción
y comprensión de su mundo que le puso en condiciones
de asumir una posición ante él, y de dedicar
sus enormes potencialidades físicas y espirituales
a la obtención de la libertad para su pueblo, de
la igualdad para todos los hombres que lo integraban,
y de un proyecto de república caracterizado por
la plenitud de los derechos humanos, de la virtud probada,
de la moralidad más acrisolada, como garantías
y sustancia de una democracia entendida en el más
puro de sus sentidos y proyección política,
social y humana.
El mundo del niño-joven Antonio Maceo es el que
le brinda el territorio de la jurisdicción de Cuba,
léase, Santiago de Cuba, y este mundo presenta
rasgos propios de la colonia sometida al régimen
de explotación colonial español, y otros
muy específicos del territorio. Era una época
de grandes ca-rencias de derechos ciudadanos para los
cubanos, de feroz opresión política, de
sistemática preca-riedad económica en virtud
de un sistema impositivo español ajeno a cualquier
beneficio para la colonia, al que se sumaba el saqueo
descarado de sus recursos por una plaga de funcionarios
espa-ñoles ocupada casi exclusivamente en el enriquecimiento
personal, e impedir el acceso de los cuba-nos a lugares
prominentes del aparato de la administración política
de la Isla. En Santiago además, como consecuencia
de su particular devenir económico, se vivía
la madurez del sistema de planta-ciones azucareras y cafetaleras,
y el auge de una producción minera en el Cobre
de particular impor-tancia, lo que dio lugar a un enorme
crecimiento de la masa de esclavos, los que conjuntamente
con los negros y mulatos libres duplicaban el número
de blancos, suficiente motivo para el desarrollo del llamado
“miedo al negro”, pero por si fuera poco,
vivía en la región el ejemplo de la subleva-ción
negra que dio origen a la República de Haití,
cuyas víctimas en cifras de más de 25 000
personas se habían establecido desde principios
del XIX en esta área, y con ellos el ejemplo de
aquellos hechos, tan opuestos a los blancos y sobre todo,
a los que detentaban las mayores riquezas. Tal conjunto
de hechos daba lugar a una feroz represión a la
clase de color, y a un racismo extremo, del que todos
ellos eran víctimas sistemáticas. Se trataba
de una sociedad ranciamente racista.
Por otra parte, los propios inmigrantes haitiano-franceses
generaron un rápido crecimiento de la economía
de plantación, vía por la cual Santiago
de Cuba se vinculó al mercado internacional, se
intensificó la llegada de ideas nuevas, creció
la cultura. Estos y otros factores de diverso tipo y ca-rácter,
formaron parte del entorno socio-económico y político
influyentes en la formación de la personalidad
de Antonio Maceo, desde su nacimiento el 14 de junio del
1845, a lo que se unió una formación ética
familiar de sólidos principios. Armado de estas
cualidades personales e influencias, entre las cuales
es indispensable señalar la existencia desde años
antes de un creciente sentimiento de nacionalidad en muchos
cubanos, y del que él era parte como demuestra
su rápida incorporación a la Guerra de los
Diez Años, guerra en la cual crecieron sus cualidades
personales, se desarrolló su patriotismo, demostró
un heroísmo sin límites en el combate, ascendiendo
en el escalafón militar hasta lo más alto,
pero sobre todo tuvo un formidable ascenso y desarrollo
cultural y se convirtió en un excelente pensador
alineado con las causas más justas de la independencia
y la patria, capaz de vislumbrar la indispensable necesidad
de la unidad centro-caribeña y latinoamericana
en un proyec-to social y político que es continuidad
de la proyección bolivariana.
Maceo se convirtió con su Protesta de Baraguá
y su preclaro pensamiento revolucionario, democrático
e independentista en un líder principal del proceso
independentista, y referente obligado cada vez que la
nación cubana necesita acudir a su historia como
puntal de su empeño de progreso, de-fensa de la
nacionalidad y la soberanía.
Su ejecutoria política en los años de la
Tregua Fecunda, sus justas y numerosas previsiones y enseñanzas,
su antiimperialismo raigalmente opuesto al ingerencismo
de los Estados Unidos en Cuba y otras naciones del continente,
su espíritu y lucha constante por la unidad revolucionaria
y patriótica de los cubanos, son valores más
que suficientes para que el Mayor General Antonio Maceo
Grajales sea un símbolo, un símbolo que
nació en nuestro Santiago de Cuba, un día
como hoy, 14 de junio de 1845, y por ello día de
recordación y homenaje, un día de orgullo
patriótico y dignidad nacional y santiaguera.
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