Luis Acosta Brehal
Historiador e Investigador. Nació en Santiago de Cuba el 8 de diciembre de 1948. Licenciado en Historia por la Universidad de Oriente(1986).
Ediciones Santiago publicó en el 2002 su obra Antonio Maceo. Previsiones desestimadas.
Ha colaborado además con diversos sumplementos culturales como "El Cubano Libre" del semanario Sierra Mestra. En el número 76 de la Revista Vetas (República Dominicana, 2006) apareció el primer capítulo de la Historia Colonial de Santiago de Cuba. Actualmente se desempeña como director del Centro de Estudios Antonio Maceo.
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Dignidad nacional y santiaguera

El Sábado 14 de junio de 1845, en el número 90 de la calle Providencia Baja, en Santiago de Cuba, nació uno de los hombres que por sus cualidades humanas, inteligencia, patriotismo, y preclaro pensamiento, más ha influido en el desarrollo de la nacionalidad cubana: Antonio de la Caridad Maceo Grajales.
Su obra, legado histórico de profundo contenido, es preciso decirlo, no fue resultado único de sus excepcionales cualidades, sino también del conjunto de circunstancias que le rodearon en su niñez y juventud, las que fueron modelándole una percepción y comprensión de su mundo que le puso en condiciones de asumir una posición ante él, y de dedicar sus enormes potencialidades físicas y espirituales a la obtención de la libertad para su pueblo, de la igualdad para todos los hombres que lo integraban, y de un proyecto de república caracterizado por la plenitud de los derechos humanos, de la virtud probada, de la moralidad más acrisolada, como garantías y sustancia de una democracia entendida en el más puro de sus sentidos y proyección política, social y humana.
El mundo del niño-joven Antonio Maceo es el que le brinda el territorio de la jurisdicción de Cuba, léase, Santiago de Cuba, y este mundo presenta rasgos propios de la colonia sometida al régimen de explotación colonial español, y otros muy específicos del territorio. Era una época de grandes ca-rencias de derechos ciudadanos para los cubanos, de feroz opresión política, de sistemática preca-riedad económica en virtud de un sistema impositivo español ajeno a cualquier beneficio para la colonia, al que se sumaba el saqueo descarado de sus recursos por una plaga de funcionarios espa-ñoles ocupada casi exclusivamente en el enriquecimiento personal, e impedir el acceso de los cuba-nos a lugares prominentes del aparato de la administración política de la Isla. En Santiago además, como consecuencia de su particular devenir económico, se vivía la madurez del sistema de planta-ciones azucareras y cafetaleras, y el auge de una producción minera en el Cobre de particular impor-tancia, lo que dio lugar a un enorme crecimiento de la masa de esclavos, los que conjuntamente con los negros y mulatos libres duplicaban el número de blancos, suficiente motivo para el desarrollo del llamado “miedo al negro”, pero por si fuera poco, vivía en la región el ejemplo de la subleva-ción negra que dio origen a la República de Haití, cuyas víctimas en cifras de más de 25 000 personas se habían establecido desde principios del XIX en esta área, y con ellos el ejemplo de aquellos hechos, tan opuestos a los blancos y sobre todo, a los que detentaban las mayores riquezas. Tal conjunto de hechos daba lugar a una feroz represión a la clase de color, y a un racismo extremo, del que todos ellos eran víctimas sistemáticas. Se trataba de una sociedad ranciamente racista.
Por otra parte, los propios inmigrantes haitiano-franceses generaron un rápido crecimiento de la economía de plantación, vía por la cual Santiago de Cuba se vinculó al mercado internacional, se intensificó la llegada de ideas nuevas, creció la cultura. Estos y otros factores de diverso tipo y ca-rácter, formaron parte del entorno socio-económico y político influyentes en la formación de la personalidad de Antonio Maceo, desde su nacimiento el 14 de junio del 1845, a lo que se unió una formación ética familiar de sólidos principios. Armado de estas cualidades personales e influencias, entre las cuales es indispensable señalar la existencia desde años antes de un creciente sentimiento de nacionalidad en muchos cubanos, y del que él era parte como demuestra su rápida incorporación a la Guerra de los Diez Años, guerra en la cual crecieron sus cualidades personales, se desarrolló su patriotismo, demostró un heroísmo sin límites en el combate, ascendiendo en el escalafón militar hasta lo más alto, pero sobre todo tuvo un formidable ascenso y desarrollo cultural y se convirtió en un excelente pensador alineado con las causas más justas de la independencia y la patria, capaz de vislumbrar la indispensable necesidad de la unidad centro-caribeña y latinoamericana en un proyec-to social y político que es continuidad de la proyección bolivariana.
Maceo se convirtió con su Protesta de Baraguá y su preclaro pensamiento revolucionario, democrático e independentista en un líder principal del proceso independentista, y referente obligado cada vez que la nación cubana necesita acudir a su historia como puntal de su empeño de progreso, de-fensa de la nacionalidad y la soberanía.
Su ejecutoria política en los años de la Tregua Fecunda, sus justas y numerosas previsiones y enseñanzas, su antiimperialismo raigalmente opuesto al ingerencismo de los Estados Unidos en Cuba y otras naciones del continente, su espíritu y lucha constante por la unidad revolucionaria y patriótica de los cubanos, son valores más que suficientes para que el Mayor General Antonio Maceo Grajales sea un símbolo, un símbolo que nació en nuestro Santiago de Cuba, un día como hoy, 14 de junio de 1845, y por ello día de recordación y homenaje, un día de orgullo patriótico y dignidad nacional y santiaguera.

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Realizado en el Área de Informática de la Dirección Provincial de Cultura de Santiago de Cuba, 20 de Mayo del 2006