Palabras al Catálogo de la Muestra Colectiva de Artistas Mexicanas

Por José Millet

Del viejo continente partió una vez el barco, quiero decir tres exiguas carabelas, cargado de armas y hombres para conquistar nuevas rutas de comercio. A estas tierras llegaron por error o accidente y en su seno hundieron la espada y levantaron la cruz, como signo de una supuesta civilización triunfante. Por más señas la faz de un Apóstol se transformó en jinete guerrero cuyo nombre llevarán más de 150 sitios, poblados, provincias y villas como esta en que nos encontramos, cimentada en desafío del espasmo sísmico, del bravo mar acariciante que bautizarán del Caribe y retando la resistencia de la piedra montuna que rodea su talle.

De esta bahía partió el intrépido Hernán Cortés, escudado en el engaño o en la complicidad con el Adelantado Diego Velázquez a avasallar el Imperio Azteca. Hoy esta ciudad, junto a las nubes que la sobrevuelan, al viento juguetón que la despeina, al latido impenitente del corazón de sus habitantes y al parpadear refulgente de una espiritualidad compartida, joya que pueblo alguno puede obsequiar a otro pueblo: una muestra no por pequeña menos valiosa, de la aplicación de su ingenio, de la ejercitación de su talento y de su libre voluntad creadora. La recibimos con el agradecimiento cálido y sincero característico del cubano, y con la admiración y entusiasmo que corresponde a la expresiva hospitalidad del santiaguero, proverbial desde tiempos remotos y reconocido en todo el mundo.

De la fragua de la imaginación más exuberante hunde sus manos, cual tenazas, el Ogún - dueño de la forja- en que transformó Santiago Matamoros. De ella brotan estas fulguraciones polícromas, a ratos dibujados con colores abstractos a ratos soprendidos por alguna figuración que nos remite a una geografía cargada d ehistoria y poesía.

Emergen de la mar océana los signos que conforman que mexicanos y cubanos tenemos un pasado común, valores y psicologías emejantes y, en suma, una identidad que permite el abrazo aprtedao que sólo saben darse los hermanos.

Reitero a nuestros invitados mexicanos el agradecimiento del pueblo santiaguero por su presencia preciosa, conformadora de esa fraternidad ya apuntada. Quiero felicitarlos especialmente a todos por este acto solidario y brindar por el logro relevante que constituye esta muestra de la creació poética de algunos de ellos – Guillermina García, Marcela Herbert y Gloria Barbachano-, que hoy dejamos inaugurado aquí como pórtico genial de esta nueva edición del Salón de Artes Plásticas 30 de noviembre.

! Viva la amistad entre mexicanos y cubanos!